El Salvador vuelve a ver la luz tras más de cuatro años de ansiada espera, y no menos vicisitudes, de todos los sevillanos .Todos estos años ha estado cerrado por las obras de restauración, en la que no hemos podido contemplar lo que este símbolo encierra: su historia, su arquitectura, su sevillanísima imaginería y ese pequeño patio de naranjos tan representativo del pasado árabe de nuestra ciudad. Pero con todo, lo más importante es que nos volvemos a sobrecoger con el Cristo del Amor y su pelícano dando muestras de un amor infinito, del Nazareno de Pasión que parece que anda sólo, y la entrada de Jesucristo en Jerusalén, comandada por nazarenos de capirote blanco y escudo de la cruz de santiago bordados, dando muestras de una ilusión enorme, que incluso nos envuelve a todos los que contemplamos su discurrir por las calles de esta querida ciudad.